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Fundamentalmente
hay dos causas muy importantes para llevar a cabo el cambio
de un aceite lubricante
Contaminación
Esta es la causa más frecuente que lleva a cambiar
un lubricante
Contaminantes externos:
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Suciedad, papeles, trapos,
hilos, limaduras, polvo, tierra, humedad, vapor, agua,
etc.
Otros fluidos que pueden
entrar en el sistema, corrosivos o no corrosivos,
como fluidos refrigerantes, productos de limpieza,
ácidos, disolventes, pinturas, mezclas de otros
aceites, partículas metálicas procedentes
del propio desgaste de las máquinas, de operaciones
de mecanizado, descomposición de sellantes,
juntas inadecuadas.
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Contaminantes internos:
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Desgaste
interno, provocado porque el lubricante va perdiendo
propiedades y deja de actuar.
El óxido, producido
porque entra oxígeno en el sistema procedente
ya sea de aire o de agua y se inicia un proceso corrosivo.
Formación de fangos
y lodos, todos los sistemas estás sometidos
aunque sea de manera puntual a temperaturas y presiones
de trabajo más elevadas, esto hace que el aceite
sufra un shock térmico importante, sufre craqueo,
forma carbonilla y se oxida dando lugar a la formación
de ácidos, las partículas metálicas
actúan como catalizadores de reacciones colaterales
y paralelas y los efectos se multiplican.
Formación de espuma,
si ha entrado aire o detergente en las bombas.
Pueden cavitar y producir
fallos de lubricación o refrigeración.
En ocasiones los equipos
de mantenimiento de las empresas con la mejor intención
incorporan aditivos que sin tener conocimiento del
estado del lubricante pueden crear problemas graves.
Todo lubricante tiene
que estar perfectamente preparado para la función
que deba desempeñar, no debe ser reforzado.
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Consumo
de aditivos
Muchos aditivos se consumen
y/o van cambiando su estructura química por efectos
externos y dejan de realizar la función que tenían
encomendada. Llegados a este punto, o bien rellenamos si
hay espacio o bien cambiamos por aceite nuevo, por tanto
hemos generado un aceite usado que tiene que tratarse como
un residuo muy especial.
Inhibidores de corrosión:
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Los inhibidores de corrosión
actúan en primer lugar neutralizando los ácidos
originados por oxidación y en segundo lugar
fijándose sobre las superficies metálicas,
proporcionando una película protectora.
Cuando la acción
de los inhibidores queda reducida, se produce ataque
por el oxígeno dando lugar a la formación
de fangos y lodos que se depositan en el sistema.
Esto hace variar las características del aceite,
la acidez progresa, el aceite se ennegrece y el rendimiento
baja.
El inhibidor de corrosión
es atraído por las superficies metálicas,
incluso por las partículas de desgaste en suspensión
y también por la suciedad, y lógicamente
al filtrar se ha eliminado en parte. También
es atraído por fluidos contaminantes que lo
arrastran cuando se purgan.
También pueden
oxidarse solubilizándose en agua y pierden
su eficacia.
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Viscosidad:
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Los
cambios de viscosidad que se producen durante el uso
son también una clara indicación de la
capacidad del lubricante. Si se produce un incremento
quiere decir que hay una oxidación avanzada y/o
contaminación por suciedad o agua, si lo que
se produce es una disminución quiere decir que
hay contaminación o bien por disolvente o por
otro aceite de viscosidad más baja o cizallamiento
del aceite en uso, y todo esto pone en peligro el sistema. |
Aditivos antidesgaste
y E.P.:
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Estos aditivos previenen
el contacto entre las superficies metálicas
en los puntos en los que la presión de contacto
aumenta considerablemente o bien si la temperatura
se eleva mucho, ya que esto hace disminuir la viscosidad
del aceite, pudiéndose producir una ruptura
de la película lubricante llegando a contactar
superficie con superficie provocando un desgaste fuerte
y prematuro. También
por cuestión de tiempo, presencia de contaminantes,
condiciones de trabajo severas, estos aditivos se
degradan, se hidrolizan, se oxidan y pierden su acción.
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Aditivos dispersantes:
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La aparición de
suciedad, agua, etc. Se inicia en el momento en que
el lubricante empieza a trabajar. Los aditivos dispersantes
hacen que la suciedad y otros productos de oxidación
se mantengan en suspensión y dispersos en el
aceite, evitando que se depositen en lugares clave
del sistema y provoquen problemas.
Lógicamente estos
aditivos también pueden degradarse e incluso
ser insuficientes si hay un estado elevado de oxidación
y contaminación.
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